Rural uno
Juan Rodríguez - Venezolano.
Me encantaría invitarte
a escapar para siempre del neón y del concreto.
Bajo árboles inconscientes de la muerte,
sobre alfombras de grillos y serpientes,
escapar para siempre
de absolutamente todas las mentiras
que tejieron en las pieles
las maestras, los periódicos, la tele.
Quiero invitarte a enterarte entre mis brazos
de que todo ese montón de estrellas
a las cuales podríamos sumarle los cocuyos,
son quizás la única luz
que jamás la urbe podrá robarle al lugar donde se siembra.
Contarlas quizás, hay tiempo de sobra.
Contarlas quizás,
nos quedan suficientes tequilas y ginebras.
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis…
Y andando ya por la noventa,
que la sed de tus labios me interrumpa,
y entonces tras el beso que da vida a mi café.
Comenzar de nuevo.
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis…
Y andando ya por la sesenta,
que el deseo de una pizza sin anchoas
nos distraiga de la suma de esos soles pequeñitos.
Comenzar de nuevo.
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis…
Y andando así como en la treinta,
discutir, pelear un poco,
esas cosas que entorpecen tu sonrisa,
que me matan los deseos.
Comenzar de nuevo.
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis…
Y andando así como en la ciento veinticinco,
es la higiene del cerebro quien nos pide
ese baño en el río de la cultura.
Albinoni, Fito Páez, Almodóvar o Chagal.
Comenzar de nuevo.
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis…
Y andando como en tres,
el deseo va y se mete entre las piernas,
nos ordeña los sudores innombrables
y me deja moribundo entre tus brazos.
Comenzar de nuevo.
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis…
Y andando así como en diez mil,
tú me dices que te estás enamorando,
yo cocino el desayuno y el dolor
y tú escondes bajo sábanas el fin.
Entonces llega el sol,
va y nos deja sin los números gastados.
Entonces llega la cola en la autopista,
con el cliente y el café,
con el cheque que rebota,
la llamada por cobrar,
la tarjeta del horario,
el carnet en la camisa,
el insulto en el semáforo,
el almuerzo en Burger King,
las facturas y descuidos por pagar,
el capítulo final de Rem y Stimpi,
el malandro que me quiere asesinar,
otra guerra que ya está por comenzar,
lo oxidado que destroza el radiador.
Cola infinita, cola en el canal de mil,
cola en el hombrillo,
cola que te deja sin los grillos,
cola que devora las estrellas,
cola que se bebe la tequila,
cola de final de amor.
Publicado en la obra Luna de Neón.
Agradecimiento especial a Yini Capo Castro.
- Tipo
- Verso libre
- Temas
- Autor
- Juan Rodríguez
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