Sin dragones
**Juan Rodríguez **- Venezolano.
Esa mujer se salva sola.
Su armario quedó congestionado
de armaduras de cartón y hojalata,
chatarra oxidada del pasado.
Ella no quiere ser salvada del dragón.
Ella no quiere ser salvada del dolor.
Ella no quiere, en fin,
un caballero protegiéndole el honor.
Se cansó de salvar a sus salvadores,
de limpiarles sus espadas, sus cremalleras y sus almas,
descifrarles sus angustias, sus temores,
de lavarles los sudores de otras camas.
Ella escupe.
Ella gruñe.
Ella hiere.
Ella se salva.
Descubrió que los escudos, las espadas,
no pesaban tanto como un hombre.
Que un dragón no es más que salamandra adormecida
o el yesquero abandonado de alguna hada,
o una especie de reptil en extinción.
Ella gime.
Ella suda.
Ella se voltea.
Ella se fuma un Gitane.
Esa mujer no busca un príncipe.
Esa mujer no olvida su zapato.
Ella llama a su caballo de un silbido,
no quiere más poetas de cantina
calentándole la oreja y los deseos.
Sólo besa sapos, renacuajos y serpientes
cuando calma las angustias de su vientre,
los esconde entre sus rizos
y los deja abandonados en el piso.
Ella se salva, y se escapa sin pagar.
Ella ama y huye conservando la razón.
Ella escapa y se bebe la tequila.
Es María Félix,
con tarjeta de crédito,
con acciones de la bolsa,
con el control remoto de su vida,
y con Gardel, Elvis Presley,
Robert Redford, Mickey Mouse y el Ché Guevara,
en la cajuela de un caballo convertible y cuatro puertas.
Publicado en la obra Luna de Neón.
Agradecimiento especial a Yini Capo Castro.
- Tipo
- Verso libre
- Temas
- Motivos
- Autor
- Juan Rodríguez
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