Una cena

Baltasar del Alcázar

España · 1530–1606


**Baltasar del Alcázar - Español (1530-1606).

   En Jaén, donde resido,
Vive don Lope de Sosa,
Y diréte, Inés, la cosa
Más brava de él que has oído.

   Tenía este caballero
Un criado portugués…
Pero cenemos, Inés,
Si te parece, primero.

   La mesa tenemos puesta;
Lo que se ha de cenar, junto;
Las tazas del vino, a punto;
Falta comenzar la fiesta.

   Comience el vinillo nuevo,
Y échole la bendición;
Yo tengo por devoción
De santiguar lo que bebo.

   Franco fué, Inés, este toque;
Perro arrójame la bota:
Vale un florín cada gota
De aqueste vinillo aloque.

   ¿De qué taberna se trajo?
Mas ya… de la del Castillo;
Diez y seis vale el cuartillo,
No tiene vino más bajo.

   Por nuestro Señor, que es mina
La taberna de Alcocer;
Grande consuelo es tener
La taberna por vecina.

   Si es o no invención moderna,
Vive Dios que no lo sé,
Pero delicada fué
La invención de la taberna.

   Porque allí llego sediento,
Pido vino de lo nuevo,
Mídenlo, dánmelo, bebo,
Págolo y voyme contento.

   Esto, Inés, ello se alaba,
No es menester alaballo;
Sólo una falta le hallo:
Que con la priesa se acaba.

   La ensalada y salpicón
Hizo fin: ¿qué viene ahora?
La morcilla, ¡oh gran señora,
Digna de veneración!

   ¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundia tiene!
Paréceme, Inés, que viene
Para que demos en ella.

   Pues, sús, encójase y entre,
Que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino;
No se escandalice el vientre.

   Echa de lo tras añejo,
Porque con más gusto comas;
Dios te guarde, que así tomas,
Como sabia, mi consejo.

   Mas dí, ¿no adoras y precias
La morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica!
Tal debe tener especias.

   ¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
Y asada por esas manos,
Hechas a cebar lechones.

   El corazón me revienta
De placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo por mí
Sospecho que estás contenta.

   Alegre estoy, vive Dios;
Mas oye un punto sutil:
¿No pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?

   Pero son preguntas viles;
Ya sé lo que puede ser:
Con este negro beber
Se acrecientan los candiles.

   Probemos lo del pichel,
Alto licor celestial;
No es el aloquillo tal,
Ni tiene que ver con él.

   ¡Qué suavidad! ¡qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡qué color!
¡Todo con tanta fineza!

   Mas el queso sale a plaza,
La moradilla va entrando,
Y ambos vienen preguntando
Por el pichel y la taza.

   Prueba el queso, que es extremo,
El de Pinto no le iguala;
Pues la aceituna no es mala,
Bien puede bogar su remo.

   Haz, pues, Inés, lo que sueles,
Daca de la bota llena
Seis tragos; hecha la cena;
Levántense los manteles.

   Ya que, Inés, hemos cenado
Tan bien y con tanto gusto,
Parece que será justo
Volver al cuento pasado.

   Pues sabrás, Inés hermana,
Que el portugués cayó enfermo…
Las once dan, yo me duermo;
Quédese para mañana.

Selección de Don Alejandro.

Publicado el

Movimiento
Siglo de Oro