Serventesio

Rosas. El 25 de mayo de 1850

El Poemario
Forma
Serventesio
Movimiento
Romanticismo
Siglo
XIX
País
Argentina

Rosas ! Rosas ! un genio sin segundo
Formó á su antojo tu destino extraño :
Después de Satanás, nadie en el mundo,
Cual tú, hizo menos bien ni tanto daño.

Abortado de un crimen has querido
Que se hermanen tus obras con tu origen
Y, jamás del delito arrepentido.
Solo las horas de quietud te afligen.

Con las llamas del Tártaro encendida
Una nube de sangre te rodea;
Y en todo el horizonte de tu vida
Sangre ¡bárbaro! y sangre y sangre humea.

Tu mano conmoviera como el rayo
Los cimientos de un templo; y, de repente,
Desde el altar los Ídolos de Mayo
Vertieron sangre de su rota frente.

La Justicia se acerca religiosa
Á llamar en la tumba de Belgrano :
Y ese muerto inmortal le abre su losa,
Alzando al cielo su impotente mano.

La libertad se escapa con la Gloria
Á esconderse en las grietas de los Andes;
Reclamando á los hielos la memoria
De aquellos tiempos en que fueron grandes.

Los Ídolos y el tiempo desparecen:
Se apagan los radiantes luminares;
Y en sangre inmaculada se enrojecen
Los fragmentos de piras y de altares.

Gloria, nombre, virtud, patria arjentina,
Todo perece dó tu pié se estampa,
Todo hacen polvo, en tu ambición de ruina,
Bajo el casco los potros de tu pampa.

Y bien, Rosas ¿ después? tal es — atiende —
La pregunta de Dios y de la historia :
Ese DESPUÉS que acusa ó que defiende
En la ruina de un pueblo, o en su gloria.

Ese DESPUÉS fatal á que te reta
Sobre el cadáver de la patria mia,
En mi voz inspirada de poeta,
La voz tremenda del que alumbra el dia.

Habla : y, en pos la destrucción, responde :
¿Do están las obras que brotó tu mano?
¿Dónde tu creación? las bases dónde
De grande idea ó pensamiento vano?

¿ Qué mente hubiste en tu sangriento insomnio
Que á tanto crimen te impeliese tanto ?
Aparta, aparta, aborto del demonio
Que haces el mal para gozar del llanto !

La raza humana se horroriza al verte,
Hiena del lado trasformada en hombre;
Mas ¡ay de ti que un dia al comprenderte
No te odiará, despreciará tu nombre

El tiempo sus momentos te ha ofrecido;
La fortuna ha rozado tu cabeza;
Y, bárbaro y no mas, tu no has sabido
Ni ganar tiempo, ni ganar grandeza.

Tumbaste una república, y tu frente
Con diadema imperial no elevas ledo ;
Murió la libertad, y, omnipotente,
Esclavo vives de tu propio miedo.

Quieres ser rey, y temes se convierta
En la corona de Milán la tuya;
Quieres ser grande, y tu ánima no acierta
Como elevarte de la esfera suya.

Tu reino es el imperio de la muerte;
Tu grandeza el terror por tus delitos;
Y tu ambición, tu libertad, tu suerte
Abrir sepulcros y formar proscritos.

Gaucho salvaje de la pampa ruda.
Eso no es gloria ni valor ni vida;
Eso es solo matar porque desnuda
Te dieron una espada fratricida.

Y, grande criminal en la memoria
Del mundo entero, de tu crimen lleno,
Serás reptil que pisará la historia
Con asco de tu forma y tu veneno !

Nerón dá fuego á Roma y lo contempla,
Y hay no sé qué de heroico en tal delito
Mas tú, con alma que el demonio templa,
Cuanto haces lleva tu miseria escrito.

Ningún Atrida al peligrar vacila,
Y tú, mas que ellos para el mal, temblaste;
Y, mas sangriento que el sangriento Atila,
Jamás la sangre de la lid miraste.

En todas esas águilas que asieron
La humanidad y, en fiebre carnicera.
Con sus garras metálicas la hirieron,
Cupo alguna virtud : valor siquiera.

Pero tu corazón solo rebosa
De miserias y crímenes y vicios,
Con una sed estúpida y rabiosa
De hacer el mal y de inventar suplicios.

Ni siquiera te debes el destino
Con que tu sed de sangre has apagado
Tigre que te encostraste en el camino
Un herido león que has devorado.

Espíritu del mal nacido al mundo.
No has sido bueno ni contigo mismo;
Y solo dejarás un nombre inmundo
Al descender á tu primer abismo.

Te nombrarán las madres á sus hijos
Cuando asustarlos en la cuna quieran;
Y ellos temblando y en tu imájen fijos
Se dormirán soñando que te vieran.

Los trovadores pagarán tributo
Á los cuentos que invente tu memoria;
Y, execrando tus crímenes sin fruto,
Rudo y vulgar te llamará la historia.

¡ Ah, que casi tus crímenes bendigo,
Ante el enojo de la patria mia,
Porque sufras tan bárbaro castigo
Mientras alumbre el luminar del dia!

Porque mientras el sol brille en el Plata
Aquel castigo sufrirás eterno
Nunca á tu nombre la memoria, ingrata:
Nunca á tu maldición el pecho, tierno;

Y por último azote de tu suerte,
Verás, al espirar, que se levanta
Bello y triunfante y poderoso y fuerte
El pueblo que ultrajaste con tu planta.

Pues no habrá en él, de tus aleves manos,
Mas que una mancha sobre el cuello apenas;
Que tú no sabes, vulgo de tiranos;
Ni dejar la señal de tus cadenas.

Selección de Don Alejandro.

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