Oda rápida

Alejandro de Morales y Loaiza

Venezuela


Nadie adora tanto la fragancia de las flores de un día
como el veterano seductor, hastiado ya de tanto amar,
de besar con propia diligencia de quien aspira a olvidar
los labios que parecen darlo todo sin ninguna garantía.

Entre tantos hombres necios, que acusan y denuncian sin razón
a la mujer que se entrega y entre nubes de humo parte,
el anciano trovador la enaltece, conocedor del arte
de fugaz volar sin dejarnos amargura, pena ni aflicción.

Ah, ¡bendita sea la farsa que en nuestros cuerpos se enciende!
la caricia breve, la tristeza oculta tras el dulce disfraz,
bendita sea la noche y su tibio manto de serena paz,
que hoy cobija a esta extraña, que quedarse no pretende.

Morenita trepadora, miénteme con todo el repertorio:
jura ante el sagrado altar que soy tu más viril amante,
que mi pletórica fuente de palabras en tu piel delirante
deshaga en llamas al más íntimo y húmedo auditorio.

Hazme sentir que soy tu dueño y aún no eres suficiente,
que alegre compartirás mis dones con amigas y rivales;
y dadas a otros hombres, ofréceme pasiones temporales
con votos de falsa castidad y fuerza de jura permanente.

Engaña, sí, con la mirada bruja y el negro de tus ojos,
que con fingido gesto y arte divino suplican la piedad,
que al mirarlos confiesen que no te hiere mi cínica verdad,
para libar después tu néctar y calmar enteros mis antojos.

Mocita de ébano falso: hazme naufragar en tu cabello,
deja que navegue por tus olas y zozobre en tu pelambre;
permite que en tu profundidad yo sacie entera el hambre
que me provoca la sola contemplación del arco de tu cuello.

Prométeme una vida llena de atenciones elevadas,
de caricias de tus manos, sirvientas de vida extravagante;
que mueven la escoba el sábado con rubor poco galante,
pero el domingo prestan, como nadie, dichas insospechadas.

Damita de noches por minuto, voz efímera y vencida,
que me has nombrado rey de tu tierra tantas veces conquistada;
lo mismo un instante que un siglo tu boca enamorada,
me aguarda fervorosa y colmada con la pasión henchida.

Cortesana palaciega, que vives sin vergüenza ni reproche,
que para sentarte en un trono harías perecer a todos:
eres todas las que amé, en distintos tiempos y otros modos,
eres polvo de hadas; lo único que amo en esta noche.

Selección y nota de El Fabulario.

Publicado el · Actualizado el

Tipo
Oda
Movimiento
Contemporáneo
Motivos