- Forma
- Oda
- Movimiento
- Romanticismo
- Siglo
- XIX
- País
- Venezuela
No armada del puñal de la venganza,
ni teñida la veste en sangre impura,
tal como la forjó nuestra locura,
o torpe iniquidad;
plácida cual la luz de la esperanza,
con la paz y el perdón en la frente,
blanda la faz, benigno el continente:
¡tal es la libertad!
Hija de Dios, de su bondad esencia,
don el más alto de su amor divino,
acaso en el mundano torbellino
al hombre se ocultó;
negra ambición, estúpida demencia,
el temor de los buenos, la osadía
de un tirano, el furor de la anarquía
tal vez la encadenó…
Mas no puede morir: lozana, fuerte,
crece encorvada bajo el férreo yugo;
ni el hacha enrojecida del verdugo
enerva su virtud.
del seno tenebroso de la muerte,
insultada tal vez, jamás vencida,
cual su padre inmortal, torna a la vida
con nueva juventud.
Poco son a humillarla los tiranos,
que el mundo ve y conoce sus derechos;
la oprimen, ¡ay!, con sus bastardos hechos,
mil émulos y mil;
que so el disfraz de nobles ciudadanos
en su nombre inmortal alzan pendones
y hacen servir los pueblos y naciones
a su torpeza vil.
Vos sois, apóstoles fingidos,
vosotros embusteros renegados,
vosotros, sí, los pérfidos soldados
del crimen y el error.
No ha menester la libertad, bandidos,
del estruendo y el rencor del fiero Marte;
símbolo del perdón es su estandarte,
¡su blando imperio, amor!
Y lidia, sí, pero en leal palestra,
atacada, jamás provocadora,
siempre grande en la lid, nunca opresora,
que es numen celestial;
y nunca armó su prepotente diestra
el odio, ni el temor, ni la venganza;
¡jamás para vencer urdió acechanza
ni usó traidor puñal!
¡Pueblos! No es el rencor ni la codicia,
ni la torpe ambición ni la impía guerra,
los símbolos que anuncien a la tierra
que ya lució su edad;
si veis orden, y paz, amor, justicia,
aunados reinar en grata calma,
alzad entonces al Creador el alma.