La niña muda
Ernesto Luis Rodríguez - Venezolano (1916-1999).
La vi sentada sobre el duro banco
de la plaza del pueblo; parecía
una flor a la orilla de un barranco;
en sus ojos la noche enlunecía
sobre la gracia del vestido blanco.
¡Mayo por los rosales florecía!…
Yo me senté a su lado; de las ramas
alegres de los árboles caía
un delgado rumo. «¿Cómo te llamas?»
Ella no dijo nada. Yo inquiría:
«¿Es que guardas tu voz para quien amas?»
Ella, sin responderme, sonreía…
Me acerqué más aún; tuvo sorpresa,
o miedo, o timidez de mi osadía.
«Si yo fuera este aroma que te besa,
en raudales de amor te envolvería.»
Ella me vio con algo de tristeza,
y el cielo más azul resplandecía.
Le hablé acaso de Dios, de las estrellas
maduras y lejanas: «Presentía
tus mimos, y tus pasos, y tus huellas,
el agua de tu voz de Ave María
y la ternura de tus manos bellas.»
Ella, sin responderme, sonreía…
«¡Reluce en ti la floración de mayo!
¿QUieres venir al campo? ¡Qué alegría
si te viera saltar a mi caballo
y galopar bajo la luz del día,
pegada a mí como la flor al tallo!»
Ella mucho más hondo me veía…
«¡Hay júbilo nupcial en tu corpiño!
¿Te casarás conmigo? Todavía
puedes tenerme un poco de cariño;
desde el fondo del alma te vía
pura como la lágrima de un niño.»
Ella, sin responderme, sonreía…
«¿Y te callas aún? ¿Nada me dices?
¿Eres acaso muda noche y día?
¿Picotearon tu lengua las perdices?»
Sentí pena esta vez; cómo la hería…
Le dolieron los ojos infelices,
y a través de su llanto me veía…
- Tipo
- Verso libre
- Movimiento
- Contemporáneo
- Temas
- Autor
- Ernesto Luis Rodríguez
- Ayuda
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