Elogio de los bardos de antaño
Cuando un poeta de antes, afeitándose un día,
una cana en su negra tumusa descubría,
al punto se inspiraba, y esa misma mañana
le escribía unos versos a su primera cana.
Cuando un poeta de antes contemplaba el crepúsculo,
lo arreglaba en seguida con un canto mayúsculo;
y si no era el crepúsculo, sino el alba más bien.
en cuestión de minutos lo arreglaba también.
Antes, cuando un poeta peleaba con su amada,
aunque el pleito ocurriera por una zoquetada,
en el acto el poeta pelaba por la lira
y en un canto volcaba su despecho y su ira.
Y pasados del pleito cinco días o diez,
ya contento con ella, le escribía otra vez,
primero suplicándole de rodillas perdón
y luego celebrando la reconciliación.
Cuando un poeta de antes un entierro veía,
a escribir unos versos en seguida salía
sobre la gran mentira de la humana existencia
y otra pila de cosas de mucha trascendencia.
Antes, cuando ante un niño se encontraba un poeta,
en el acto sacaba la clásica libreta
y a los cinco minutos ya totalmente escrito
tenía en el bolsillo su canto al muchachito.
Mas si era un viejecito lo que ante sí veía,
no se apocaba el bardo por esa tontería:
se armaba de su lira como de una sartén
y con un canto al viejo se mandaba también.
Los poetas de antaño no tenían problemas
como los de estos tiempos para encontrar sus temas:
a un poeta de hoy día escribir le dan ganas
y buscando un buen tema pasa hasta dos semanas.
Los temas, por los cuales hoy día hasta se paga,
abundaban entonces como la verdolaga:
se encontraba con tantos el poeta a su paso,
que en muchas ocasiones no les hacía ni caso.
Por eso yo, lectores, aunque os parezca extraño,
siento una gran envidia por los bardos de antaño:
ellos que producían sólo grandes poemas,
en cualquier parte hallaban fácilmente sus temas;
yo, en cambio, que un temario más corriente utilizo,
¡para escribir los míos no consigo un carrizo!
- Tipo
- Verso libre
- Movimiento
- Contemporáneo
- Temas
- Motivos
- Autor
- Aquiles Nazoa
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