Memento Amare
Cuando debas despedirte de alguien a quien has amado libre y sinceramente, por tu propia voluntad y quizá con algo de idílica sinrazón ante el mundo, atesora su recuerdo.
Honra en tu intimidad cada uno de los momentos que pasaste a su lado y consérvalos vivos en tu mente. Si se ha ido de ti, pero sigues en cambio en el mismo lugar, cuídate de no ir a profanar las calles que recorrieron juntos de la mano. Permite que los caminos que fueron testigos de su amor sean eternamente de ustedes y, por tanto, no los camines con nadie más.
Si habitaron larga o brevemente bajo el mismo cielo, recoge los cabellos que perdió en tu presencia; cubre las marcas que en ti dejó y limpia sus huellas con dignidad. Así, una vez que pierdas estos signos de vista, quedarán por siempre en tu corazón.
Conserva sus cartas aunque no las leas; cuida sus poemas aunque no los recites y aunque ya no las escuches, guarda contigo las canciones que te dedicó, especialmente aquellas que nunca se atrevió a cantarte.
Cuando la fuerza aplastante de su ausencia te sorprenda y te hiera, recuerda que una parte suya aún reside en ti y que siempre lo hará, por todo lo que se quisieron en un tiempo tan breve.
Deja que esta memoria exista únicamente para ti, acaso para el silencio de ambos. No la compares con nadie de fuera, que contra un recuerdo no puede la acción más sublime de quien le sigue de cuerpo presente.
Piensa en las veces que estuvo ante ti y miraste sus los ojos con la promesa de un beso. Recuerda que también estará pensando en ti hasta el final de sus días, porque nunca permitieron que el amor se extinguiera…
Y piensa que tal vez un día estará allí, para no dejarte ir nunca más.
Por Don Alejandro.