Bachiller en jurisprudencia, de salud endeble y vida breve, fue — en palabras de Cintio Vitier — «el primer hombre de letras» de la poesía cubana: un artesano escrupuloso del verso, más escultórico que musical, que anticipó el ideal parnasiano décadas antes de que existiera el nombre. Con su amigo José Fornaris editó La Piragua, órgano del siboneyismo, y la antología Cuba poética (1858). Bajo la censura colonial, disfrazó de cantos griegos y bíblicos sus alegorías independentistas («La caída de Misolonghi», «Oración de Matatías»). Menéndez Pidal lo proclamó en 1893 el tercer poeta de la isla, tras la Avellaneda y Heredia. Murió a los 41 años, tres días antes de que el Liceo de La Habana premiara su oda «El trabajo».
1 poema en El Poemario
-
La salida del cafetal
Soneto · Neoclasicismo