España
Francisco de Quevedo
1580–1645
Nació en Madrid en 1580, en una familia de servidores de palacio, y se formó en las aulas de Alcalá y en la cerrada vida cortesana que nunca lo abandonó, ni siquiera cuando esa misma corte lo llevó a la prisión de San Marcos de León. De aquella inteligencia febril salió la cumbre del conceptismo: una poesía que no busca la melodía sino la agudeza, el verso que piensa, la palabra cargada hasta el filo. Cultivó todos los registros con la misma maestría inquietante —el amoroso, el grave, el burlesco— y en cada uno dejó piezas que la lengua no ha podido olvidar.
Su soneto «Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra» promete amor más allá de la muerte con una rotundidad que aún sobrecoge; su «Miré los muros de la patria mía» convierte la ruina de las cosas en meditación sobre el tiempo y la propia mortalidad. Junto a ellos, la sátira mordaz que lo enfrentó de por vida a Góngora —el otro gran polo del Siglo de Oro— en una rivalidad de epigramas que ya es leyenda. Murió en 1645 en Villanueva de los Infantes, enfermo y retirado, dejando una obra que se reparte entre la carcajada y el abismo, casi toda publicada después de su muerte.