Baldomero Fernández Moreno nació en Buenos Aires en 1886, pasó parte de su infancia en España y regresó a la Argentina para estudiar y ejercer la medicina, oficio que compaginó durante años con la poesía. De esa doble vida —el consultorio y el verso— le vino quizá su mirada atenta a lo cotidiano, capaz de encontrar emoción en una calle, un balcón, un patio o una tarde cualquiera de la ciudad.
Es la figura mayor del llamado sencillismo, la reacción argentina contra los excesos ornamentales del modernismo. Frente al cisne y la princesa, él eligió el habla llana, el motivo humilde y el poema breve, sin renunciar por ello a la exactitud ni a la hondura. «Setenta balcones y ninguna flor», su composición más famosa, hace de una fachada sin flores una pregunta moral sobre la vida sin belleza ni amor: la sencillez del asunto no impide la resonancia del reproche.
Escribió una obra abundante y pareja —Las iniciales del misal, Ciudad, Aldea española, entre muchos libros— y dejó también páginas de memorias. Murió en su ciudad natal en 1950, reconocido como uno de los poetas que enseñaron a la lírica argentina a hablar en voz baja, con los pies en la vereda y los ojos en las cosas de todos los días.
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Setenta balcones y ninguna flor
Serventesio · Posmodernismo